Matanza de Valencia en 1811 (El engaño y la seducción como armas de imperios, oligarquías y clérigos)

Matanza  de Valencia en 1811 (El engaño y la seducción como armas de imperios, oligarquías y clérigos)

Iniciando el mes de julio, de gran significado para todas y todos los que amamos nuestra Patria Venezuela, quise compartir estas reflexiones con base al análisis de documentos históricos que revelan como el engaño y la seducción han sido armas de dominación de gran influencia en la generación de episodios de extrema violencia entre hermanas y hermanos venezolanos.

El fenómeno histórico que analiza el presente ensayo son los acontecimientos que desencadenaron la matanza de Valencia en 1811.

En este trágico acontecimiento, tanto “vencedores” como “vencidos” coinciden en que la mortal violencia fue desatada principalmente por los efectos del engaño y la seducción.

Como reafirmación de lo expresado, el devenir histórico nos indica que el engaño y la seducción fueron las mismas armas detonantes de hechos violentos muy recientes como son: el golpe de Estado de abril de 2002, las llamadas “guarimbas” del 2014 y el 2017; así como también los intentos de magnicidios y golpes de Estado contra Nicolás Maduro Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela.

Este ensayo pretende ser una modesta contribución para la interpretación de nuestro acontecer diario y evitar ser victimas del engaño y la seducción que pudieran llevarnos a una guerra civil.

Sirvan las siguientes palabras del historiador Marc Bloch como preámbulo a los acontecimientos históricos que se analizarán seguidamente:

“La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado”.

Luego de esta brevísima introducción, reconstruyo los hechos que fatalmente desembocaron en una matanza en las principales calles cercanas a la Plaza Mayor de Valencia y al Convento de San Francisco, donde actualmente se encuentra el Paraninfo de la Universidad de Carabobo, frente a la Plaza Sucre.

Pocos días después de declararse la independencia de Venezuela, el 5 de Julio de 1811, la reacción mayoritaria de las autoridades eclesiásticas y de la oligarquía valenciana influyó en gran parte de la población logrando que ésta se opusiera con “fanatismo frenético” a la idea de la independencia.

El historiador Guillermo Mujica Sevilla, Cronista Oficial de Valencia, su ciudad natal, y de la Universidad de Carabobo, escribió en el prólogo del libro La Insurrección de Valencia en 1811, del autor Boza Müller, lo siguiente:

«…Hubo reacciones diversas, en una provincia acostumbrada a ser gobernada por el Rey de España. Y el Rey gobernaba por derecho divino, de manera que fue fácil a los contrarios de la independencia convencer a mucha gente ingenua, que ir contra el Rey de España era ir contra el mandato divino. Es decir, contra Dios. Debido a estos sentimientos religiosos, y quizás al acostumbramiento al mando de España y su Rey, y quizás también por ignorancia, sobre la significación del proceso independentista, Valencia, agitada por varias personas de espíritu realista, se levantó contra la independencia…» (Boza Müller, H. 1994, La Insurrección de Valencia en 1811, Venezuela, Carabobo, Ediciones del Gobierno de Carabobo, pp. 7-8)

Para entender con mayor precisión como estuvo influenciado el sentimiento religioso de la época al que se refiere Guillermo Mujica Sevilla, es necesario saber que la iglesia estaba regida por el Patronato de Indias, institución aprobada por el Papa Alejandro VI, a través de las bulas papales del año 1.493.

Esta institución concedía a los reyes católicos de España un gran poder sobre la iglesia en América. Además la mayoría de los clérigos eran formados en las universidades españolas con el objetivo de administrar los intereses del imperio mediante la influencia que ejercía la religión en la población. El Rey era su patrono.

«Por patronato [de indias] se entendía, entonces, la potestad concedida por el Papa a los Reyes Católicos para presentar obispos, indicar los limites de los obispados y parroquias, enviar religiosos y misioneros, poseer los diezmos de la iglesia, tener supervisión sobre sínodos y concilios, y delegar estos poderes a las autoridades civiles en América». (Dussel, E. 1978, Desintegración de la Cristiandad Colonial y Liberación, España, Salamanca, Ediciones Sígueme Salamanca, pp. 152-153)

El Convento de San Francisco fue fundado en Valencia el 12 de noviembre de 1634, y desde ese momento funcionó no solo como centro de estudios para clérigos, sino para individuos que luego pasaron a ocupar importantes cargos públicos.

Hay que recordar que los franciscanos fueron los primeros religiosos que llegaron a América en el segundo viaje de Cristóbal Colón (1493) pero también fueron, entre otros religiosos regulares y seculares, los que impusieron la cultura europea a nuestros pueblos originarios a través de los sistemas educativos que implementaron desde la invasión inicial.

Ya para 1811 el Convento de San Francisco era una institución de gran influencia cultural en los pobladores de la “Nueva Valencia del Rey”, tenía 177 años formando a la oligarquía valenciana bajo la doctrina del Derecho Divino donde el poder originario reside en Dios quien dicta sus leyes a la humanidad a través de los reyes.

Es así, como la influencia de la religión en la época de la colonia impactó con mucha fuerza los primeros eventos de nuestra gesta emancipadora; y en Valencia, a pocos días de haberse declarado la Independencia de Venezuela, influyó con gran impacto en los hechos que se tratan a continuación:

El día 11 de julio de 1811 se activa un movimiento insurreccional contra la Independencia en Caracas y Valencia, el de la capital fue controlado rápidamente, y para someter al de Valencia se comisionó al General Brigadier Marqués del Toro al mando de un ejército que salió de Caracas el día 15 y llegó a Maracay el 18.

Al día siguiente se realizan las primeras acciones de combate en Mariara, específicamente en terrenos que rodean el Fortín de La Cabrera, resaltando el hecho que en ese sitio el joven Coronel Simón Bolívar recibió su bautizo de fuego, es decir, entra por primera vez en combate armado, pero el Ejército al mando del Marqués del Toro es derrotado y emprende retirada hacia Maracay.

En Caracas al conocerse la derrota, el Poder Ejecutivo designó al Generalísimo Francisco de Miranda para que asumiera el mando del Ejército. Miranda llega a Maracay el 21 de julio, ese mismo día al mando del Ejército emprende la marcha hacia Guacara donde llega el 22 y establece el Cuartel General para planificar acciones militares sobre Valencia.

El mismo día 22, Miranda recibe en Guacara a varios diputados del Gobierno de Valencia que traían una propuesta de capitulación. El parte oficial del 24 de julio, dice lo siguiente:

«El día 21 del corriente a los dos de mi salida de Caracas llegué a Maracay (…) Al día siguiente recibí dos Diputados del Gobierno de Valencia, proponiendo aunque vagamente términos de reconciliación (…) El mismo día hice marchar al ejército a que tomase su premeditada posición en Guacara, donde llegamos sin oposición el 22; ese día recibí nuevos Emisarios de Valencia con las actas 2 y 3, en que se repetían las mismas intenciones, y se proponía una capitulación, cuyo contenido y respuesta se verá al número 4. Por la noche recibimos la contestación con el Señor Emisario Don Pedro Peñalver, que en sustancia nos suplicó aproximásemos el ejercito a dicha ciudad, pues se hallaban las autoridades oprimidas por los europeos y pardos que se oponían a toda medida que no fuese conforme a sus ideas de dominio…» (Parte Oficial de S.E. Gen. Miranda, 1811, Julio 24, Gazeta de Caracas, No 43, del 30 de julio de 1811).

El General Miranda sale de Guacara hacia Valencia el día 23, con la intención de tomar al Cuartel de El Morro, sitio estratégico ocupado por combatientes contrarios a la independencia, desde donde se observaba toda la ciudad. Antes de tomar posiciones en las cercanías de dicho cuartel, Francisco de Miranda emite una intimación desde Los Guayos, en los siguientes términos:

«Cuartel General de Los Guayos 23 de julio de 1811, siete de la mañana: Se previene a los jefes y tropas que ocupan El Morro y otros militares en las cercanías de Valencia que si disparan un solo tiro de cañón sobre el Ejercito de Venezuela que está en presencia, no solamente la capitulación ofrecida se rechazará a todos, sino que la Ciudad será entrada a espada en mano, y cuantos la habiten castigados con todo el rigor de la guerra. Los jefes personalmente serán responsables al Ejército de cualquier insulto o desorden cometido». (Parte Oficial de S.E. Gen. Miranda, 1811, Julio 24, Gazeta de Caracas, No 43, del 30 de julio de 1811)

Miranda aguarda pacientemente el regreso de su Edecán, el Capitán Pedro Aynerich, con quien había enviado la intimación, sin emprender ninguna acción hostil contra el Cuartel de El Morro, solo realizando algunas acciones de reconocimiento sobre las posiciones enemigas cuando de forma sorpresiva el enemigo abrió fuego contra la vanguardia del Ejército Republicano, hecho por el cual éste atacó de inmediato sus posiciones. En el Parte Oficial de S.E. Gen. Miranda, se expresa lo siguiente:

«…Rompieron estos inesperadamente el fuego de cañón y de fusil sobre nuestras tropas ligeras que se hallaban aguardando a corta distancia, y con este motivo fue atacado inmediatamente dicho puesto, que tomamos en corto tiempo (…) Nuestras tropas lisonjeadas de este brillante suceso, le persiguieron con ardor hasta la ciudad (…) se internaron en la Plaza donde se empeñó una nueva acción, porque el enemigo parece había ya de antemano preparado con artillería y armas de fuego la defensa de la Plaza Mayor, donde sin embargo les atacamos por dos diferentes puntos, y nos hicimos dueños de ella…» (Ídem)

En el anterior y siguiente fragmento del Parte Oficial de Miranda, se desprende que el Ejército Republicano fue engañado y conducido a una zona de matanza, a una emboscada planificada en la Plaza Mayor de Valencia.

Los Diputados del Gobierno de Valencia y demás emisarios que ofrecieron términos de reconciliación y una segura capitulación fueron victimas del engaño o actuaron como agentes de los contrarios de la Independencia. El parte de Miranda expresa lo siguiente:

«…hallándonos victoriosos, y en medio de la ciudad ninguno de los habitantes se nos reunía; no obstante habérsenos ofrecido por más de 40 militares que se habían desertado a nosotros el día anterior, así como por los emisarios que vinieron a ofrecer la reconciliación, de que todos los cuerpos blancos, estaban dispuestos a reunírsenos luego que entrásemos a dicha ciudad (…) Determinamos que el Brigadier Don Fernando del Toro y el Coronel Don Simón Bolívar con un cuerpo de infantería, caballería y artillería, atacasen los dos puntos en que el enemigo se había retraído, y donde efectivamente hacia alguna resistencia, el Cuartel de Pardos y el Convento de San Francisco. En esta tentativa tuvimos la desgracia de que defendiéndose el enemigo dentro de estos edificios de donde sin ser ofendido hacía notable daño, a los que le atacaban por la calle, fuesen gravemente heridos el Brigadier Don Fernando del Toro, habiéndole antes muerto el caballo, el Comandante de Caballería Don José Lazo y Don Gabriel Ponte, con casi todos los oficiales y soldados que servían la artillería…» (Ídem)

De gran importancia es para el desarrollo de este ensayo histórico la opinión de Francisco Javier Yanes, quien era diputado al Congreso Constituyente de 1811 y fue designado por el Congreso, Juez para la revisión de estos acontecimientos y las sentencias a pena de muerte dictadas por la Sala de Justicia establecida en Valencia para juzgar a los sediciosos.

Yanes, que además de abogado era historiador, escribió refiriéndose a los hechos de la matanza de Valencia de 1811, y específicamente a la entrada del Ejército Republicano a la ciudad, lo siguiente:

«… Intimados los de Valencia para que entregasen la plaza, propusieron una capitulación que fue aceptada y el 23 de julio entraron a la ciudad, conduciéndose todos con moderación y prudencia. Más los españoles y los criollos agentes del Comisionado regio de Puerto Rico, entre los cuales eran los principales los eclesiásticos seculares y regulares, desaprobaron lo estipulado y concedido en la capitulación (…) excitaron al populacho y a las tropas que se hallaban en los cuarteles para que no se sometieran al Gobierno de Caracas, ni al General hereje que había enviado a subyugarlos; y tal fue la vehemencia con que declamaron estos frenéticos, que empuñando las armas los soldados y rompiendo un fuego tan súbito como horroroso, causaron tal destrozo a los republicanos, que el General tuvo a bien retirarse en la obscuridad de la noche, sin detenerse hacia Guacara, por no exponer al ejército a su total destrucción…» (Yanes, F. 1943, Relación Documentada de los Principales Sucesos Ocurridos en Venezuela desde que se Declaró Estado Independiente hasta el Año de 1821. Caracas Venezuela: Publicada por la Academia Nacional de la Historia. pp. 9-10)

Debe resaltarse en estas acciones del 23 de julio de 1811 la participación del Coronel Simón Bolívar, ya que era el segundo al mando de las tropas que envió Miranda como refuerzo a la Plaza Mayor de Valencia y que forzosamente tuvo que asumir el mando de las acciones militares al caer gravemente herido el General Brigadier Don Fernando del Toro, quien estaba al mando.

En el Parte Oficial de Miranda, emitido el mismo día en que el Coronel Simón Bolívar cumplió 28 años, dice lo siguiente:

«…Faltaría a mi deber si no nombrase a otros oficiales quienes por no haber derramado su sangre, la ofrecieron para la gloria de su Patria, cuales son entre otros el Segundo Jefe del Ejercito Brigadier Márquez del Toro, el Coronel Luis Santinelí, el Teniente Coronel Don Florencio Palacio, el Coronel Don Simón Bolívar, y el Teniente Coronel Don Pedro Arévalo…» (Parte Oficial de S.E. Gen. Miranda, 1811, Julio 24, Gazeta de Caracas, No 43, del 30 de julio de 1811)

Miranda junto al Ejército Republicano se establece en el Cuartel General de Guacara desde el 23 de julio en la noche hasta el 12 de agosto en la mañana con el objetivo de reorganizar sus fuerzas y planificar el ataque militar para la rendición de los contrarios de la independencia en Valencia.

El día 12 de agosto a las dos de la tarde inicia el ataque a Valencia por ocho puntos diferentes, los combates duraron hasta el día 13 de agosto al medio día, cuando los contrarios de la Independencia son obligados a rendirse, al no aceptársele la capitulación por haberla violado el 23 de julio.

Estos acontecimientos desconocidos para la gran mayoría, y que solo es tratado muy superficialmente en algunas líneas de escasos textos que pretenden narrar nuestra historia, causaron una matanza entre hermanos que dejó más de 800 muertos y 1.500 heridos en una confrontación que duró 26 días entre el 19 de Julio al 13 de Agosto de 1811.

Para tener una idea de la magnitud de la confrontación, en el parte oficial de la Batalla de Carabobo de 1821 se reportan “200 muertos y algunos heridos”. Yanes nos indica sobre estos hechos:

«…como a las diez de la mañana, los cabecillas Landaeta, Colón y Palomo propusieron capitulación, que le fue negada. Rindiéndose al fin a discreción, suplicando que les considerase como engañados y seducidos por aquellos que debían darles buenos consejos y ejemplos. El General [Miranda], después de haber tomado posesión de la plaza (…) acordó varias y prontas medidas para restablecer el orden y remediar los males de un sitio riguroso, en el que se había desarrollado el más furioso fanatismo, a la par de la más desenfrenada licencia y de la más violenta anarquía. El ejército tuvo de pérdida en esta campaña ochocientos muertos (…) y mil quinientos heridos…» (Yanes, F. 1943, Relación Documentada de los Principales Sucesos Ocurridos en Venezuela desde que se Declaró Estado Independiente hasta el Año de 1821. Caracas Venezuela: Publicada por la Academia Nacional de la Historia. pp.10-11).

El Congreso de 1811, luego de haber estudiado los partes oficiales del Generalísimo Francisco de Miranda y analizado los testimonios verbales de Mariano Montilla, Fernando Peñalver, Francisco Salias y Simón Bolívar, emite un boletín especial sobre la matanza de Valencia el cual es publicado en la Gaceta de Caracas.

En dicho boletín, se hace referencia al engaño y a la manipulación a que fueron sometidos los pobladores de Valencia por parte de aquellos, que debido al cargo o responsabilidades que desempeñaban y a la confianza que el pueblo depositó en ellos debían orientarlos sobre la gesta de Independencia.

Al respecto el boletín del Congreso refiriéndose a “el malvado Cortabarría, Agente destinado por la Regencia de Cádiz para establecer la tiranía española en América” expresa lo siguiente.

«…Este hombre maligno ha introducido en el territorio venezolano astutos emisarios que seduciendo y corrompiendo a algunos habitantes, encienden la llama de la discordia con falsedades groseras y calumnias torpes, que incautamente creen unos y apoyan otras malevolencias (…) Dispuestos así los ánimos esparcieron en Valencia que en Caracas no había religión: que no se bautizaban a los niños, y que estaba preso y herido el M. R. Arzobispo con otras puerilidades, imposturas y chismes que sostuvieron aquellos mismos que debían por su ministerio averiguar circunspectamente la verdad y desengañar los pueblos en materia tan importante y delicada…» (Reducción de Valencia, 1811. Gazeta de Caracas, Nº 46, del 20 de Agosto de 1811).

En este mismo boletín, se hace referencia al Convento de San Francisco como el sitio desde donde se atacó con fanatismo y furia desmedida al Ejército Republicano, el cual entró a la Ciudad creyendo en una capitulación ofrecida y que fue violentada por la arenga de frailes y otros agentes que actuaron como los más comprometidos súbditos de la corona española y con la necia y obstinada determinación de utilizar la religión como arma para mantenernos esclavos de un imperio.

Nuestro Libertador Simón Bolívar, casi ocho años después de haber participado en los sucesos de la matanza de Valencia en 1811, sentenciaría en su discurso pronunciado en 1819 ante el Congreso de Angostura: “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza”. El boletín del Congreso de 1811 expresa lo siguiente:

«…Del Convento de San Francisco salieron las balas que cortaron la gloriosa carrera de guerreros de la independencia, mutilaron a los jefes honor y esperanza de nuestra Patria, que cubrieron de dolor a los patriotas (…) Cada casa era un arsenal desde donde la rabia y la perfidia atizadas por el bando europeo sacrificaban impunemente a los pacíficos soldados que creyeron ya a Valencia bajo el imperio de las leyes, la justicia y la libertad, que los arrancaron de sus hogares y los llevaron a perecer en el recinto de una ciudad de Venezuela, a manos de los mismos que forman una parte muy digna e interesante de nuestra confederación…» (Ídem)

En los documentos históricos que se citan en este ensayo aparecen en forma reiterada los verbos engañar y seducir, dos acciones que han sido utilizadas amoralmente para manipular la opinión pública y conducir a parte de la población a participar en episodios violentos.

Es así como los cabecillas de la matanza de Valencia en 1811, una vez capturados, piden clemencia “suplicando que les considerasen como engañados y seducidos por aquellos que debían darles buenos consejos y ejemplos”.

Debemos entonces, fortalecer nuestra conciencia histórica para identificar a los manipuladores de la opinión pública, sobre todo a los que consideramos, deben darnos buenos consejos y ejemplos.

Sirvan estas reflexiones basadas en documentos históricos, para evitar traiciones que luego arrepentidas, expresen haber sido victimas de engaños y seducciones.

Debemos ser fieles a nuestros principios históricos bolivarianos, patrióticos y libertarios; por eso afirmemos con profunda determinación de conciencia, ser:

¡LEALES SIEMPRE, TRAIDORES NUNCA!


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