Por ahora no hay otro camino: de Bolívar a la geopolítica de 2026

Por ahora no hay otro camino: de Bolívar a la geopolítica de 2026

No hay otro camino: del por ahora a la geopolítica 2026

Hoy, los sucesos del 3 de enero de 2026 nos obligan a reactivar una doctrina de supervivencia nacional que conecta directamente con dos de los momentos más pragmáticos de nuestra historia: la lucidez geopolítica de Simón Bolívar en 1825 y el “por ahora” estratégico de Hugo Chávez en 1992.

El precedente histórico: Bolívar frente a la Santa Alianza (1825)

El dilema de negociar con un enemigo ideológico superior para evitar la aniquilación no es nuevo. Tras consolidar la independencia en Ayacucho, la naciente Gran Colombia se enfrentó a la amenaza global de la Santa Alianza, la coalición absolutista europea liderada por Francia que buscaba restaurar el orden monárquico.

A pesar de contar con un ejército victorioso, el Libertador entendió el desgaste material de su pueblo. En su célebre carta a Francisco de Paula Santander del 11 de marzo de 1825, Bolívar delineó las bases de una diplomacia de paz: en la misiva, Bolívar expuso su disposición a negociar con Francia para frenar la amenaza contra la Gran Colombia, priorizando la salvación de la nación sobre su propia reputación política y militar.

Del «Por Ahora» de 1992 al Segundo «Por Ahora» de 2026

Esta misma línea de contención estratégica guió a Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992. Al verse rodeado militarmente en Caracas, optó por asumir el costo político de deponer las armas con su famoso “Por ahora”, subordinando su orgullo militar a un objetivo superior: evitar un derramamiento de sangre fratricida que habría destruido las bases futuras del Movimiento Bolivariano.

El 3 de enero de 2026, Venezuela enfrentó una encrucijada similar, pero a escala global. Ante la inminencia de una intervención militar a gran escala por parte de Estados Unidos, el liderazgo del país se vio forzado a aplicar un segundo «por ahora».

El factor Medio Oriente: La nueva relevancia estratégica de Venezuela

Este repliegue táctico adquiere un peso específico crucial cuando se analiza el contexto internacional actual. La escalada de la guerra en Medio Oriente ha puesto en jaque los suministros globales de crudo y ha desestabilizado las rutas comerciales de Occidente. En este tablero de escasez energética, las reservas de hidrocarburos de Venezuela vuelven a ser vitales para la estabilidad económica global.

Esta realidad transforma la naturaleza de la negociación asimétrica con EE. UU.:

  • El escudo energético: La necesidad urgente de asegurar fuentes de petróleo estables y cercanas le otorga a Venezuela un margen de maniobra real dentro de la coacción.
  • Tiempo por recursos: Al frenar la agresión militar directa, el país no solo protege a su población, sino que capitaliza su posición estratégica en un mercado energético global en crisis.
  • Garantía de supervivencia: La crisis en Medio Oriente convierte la paz y la operatividad de la industria venezolana en una necesidad mutua, tanto para Venezuela como para Estados Unidos.

Por ahora hay que saber perder al principio para ganar después

Como escribió el propio Bolívar en aquella misiva de marzo de 1825: «Aun cuando sacrifique mi popularidad y mi gloria, quiero salvar a Colombia de su exterminio en esta nueva guerra. Si salgo bien, quedaré contento, porque habré asegurado la paz y la existencia del Estado… Debemos saber perder al principio para saber ganar después».

La negociación forzada de 2026, lejos de ser una traición al legado soberano, es la aplicación más pura del realismo político. Al igual que en 1825 y en 1992, replegarse ante una fuerza superior cuando se posee una carta de relevancia global, como la primera reserva de petróleo del planeta en tiempos de guerra en Medio Oriente,  es la vía para garantizar que la República siga existiendo mañana.


Francisco Ameliach Orta