El código Bolívar en la ONU ¿De qué lado está Venezuela?

En la reciente 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, la Presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, lanzó una pregunta que retumbó en el plenario y que, sin embargo, muy pocos en el viejo continente supieron decodificar en toda su dimensión: ¿De qué lado está Venezuela?
Para la izquierda europea tradicional, acostumbrada a interpretar el mundo a través de rígidos manuales eurocéntricos, la respuesta del gobierno venezolano suele ser un enigma.
Ven giros pragmáticos, alianzas incómodas o discursos de apertura económica, y de inmediato asumen que la Revolución Bolivariana ha claudicado en sus principios o que carece de brújula ideológica.
El error de fondo de la izquierda es crónico: no estudian a Simón Bolívar. Al ignorar las raíces doctrinarias del Libertador, son incapaces de comprender que las acciones de Venezuela no responden al libreto de la socialdemocracia europea ni al dogma soviético, sino a una raíz emancipadora con más de dos siglos de vigencia.
La igualdad social: Un concepto venezolano anterior a Marx
Cuando Delcy Rodríguez señaló en la ONU que la meta irrenunciable del país es “consolidar un sistema de justicia e igualdad social como lo concibió nuestro Padre Libertador Simón Bolívar”, no estaba recurriendo a un eslogan vacío. Estaba invocando el núcleo de la identidad política venezolana.
Hagamos memoria histórica. En el Congreso de Angostura de 1819, Simón Bolívar pronunció una sentencia categórica:
“El fundamento de nuestro sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada…La naturaleza hace a los hombres desiguales en el genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia, porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad, propiamente llamada política y social”.
Este pensamiento es 29 años más antiguo que el mismísimo Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels (1848). Si recurrimos a la célebre definición del filósofo político italiano Norberto Bobbio, quien establecía que el rasgo inequívoco de la izquierda es la búsqueda incansable de la igualdad como mecanismo para corregir las opresiones sociales, el pensamiento de Bolívar es, por definición, socialista originario.
Es un socialismo profundamente republicano, ético y antiimperialista nacido de las venas abiertas de la América colonial. La izquierda europea, al desconocer este fundamento, pierde de vista que la prioridad por la justicia social en Venezuela tiene raíces autóctonas y premarxistas.
La alta diplomacia como escudo: El lenguaje de una República bajo asedio
Uno de los puntos más incomprendidos del discurso de la Presidenta (E.) Rodríguez fue su tono. Quienes esperaban una retórica estridente o una confrontación dogmática lineal, quedaron desconcertados ante una alocución caracterizada por una altísima sofisticación y lenguaje diplomático.
Para entender esto, hay que asumir la cruda realidad geopolítica: Rodríguez habló ante el mundo como la estadista de una República que sufre un férreo bloqueo económico y que existe bajo la constante amenaza latente de agresión militar.
En la tradición bolivariana, el lenguaje no es un adorno; es un arma de defensa estratégica. Bolívar mismo fue un maestro del equilibrio epistolar y de la negociación asimétrica cuando la República estaba en ciernes y rodeada de enemigos poderosos. La Presidenta encargada empleó una diplomacia quirúrgica no por debilidad, sino por responsabilidad de Estado:
- Neutralizar la narrativa del uso de la fuerza: Al expresarse en los códigos más pulcros del derecho internacional, desarmó los pretextos de quienes buscan justificar intervenciones militares o el recrudecimiento de sanciones.
- Proteger al pueblo desde la tribuna: Utilizar un tono constructivo y firme a la vez le permitió abrir compases de negociación energética y política vitales para el país, demostrando que la soberanía no se defiende con aislamiento, sino con audacia geopolítica.
Destino propio, libre comercio y el desafío de la Inteligencia Artificial
La Presidenta (E.) Delcy Rodríguez fue tajante al denunciar el fracaso del libre comercio mundial, un sistema corporativo global que ha mercantilizado los derechos humanos y que utiliza los flujos financieros y los bloqueos económicos como herramientas de castigo colectivo para impedir que naciones como Venezuela “construyan su propio destino”.
Pero el discurso no se quedó en el diagnóstico del siglo XX. La Presidenta encargada alertó que en la geopolítica actual la inteligencia artificial (IA) desempeñará un papel de primer orden.
La IA y el control de los datos no son tecnologías neutrales; hoy corren el riesgo de convertirse en el nuevo instrumento de dominación neocolonial, automatizando las desigualdades globales y concentrando el poder en unas pocas corporaciones.
Volver a Bolívar en la era de los algoritmos
La izquierda europea seguirá entrampada en su propia incomprensión mientras persista en aplicar recetas e interpretaciones coloniales a los procesos del Sur Global. Estudiar a Simón Bolívar en pleno siglo XXI no es un ejercicio de nostalgia histórica, sino una urgencia de supervivencia geopolítica.
Frente a un orden mundial fragmentado, amenazado por el colapso del multilateralismo y el auge de una arquitectura tecnológica que busca subordinar a los pueblos, la doctrina del Libertador se erige como una guía de resistencia.
Solo la igualdad practicada, el blindaje de la soberanía nacional y la audacia diplomática frente al asedio, permitirán a las naciones del Sur Global navegar la era de la inteligencia artificial sin amo ni tutelajes. Ya es hora de que Europa encienda las luces de Angostura para empezar a entender, por fin, el ser de la Revolución Bolivariana.
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